¿Si no peleamos para acabar con la corrupción, acabaremos formando parte de ella?

Autor: Andrés Triana Hernández 

Contextualízate 

Este blog pretende responder y desglosar la siguiente pregunta:¿Si no peleamos para acabar con la corrupción, acabaremos formando parte de ella? Para comenzar queridos lectores, quiero contextualizarlos un poco, con terminología básica de lo que en sí, nos estamos planteando en esta pregunta. Para comenzar la corrupción se determina como una acción y efecto de corromper, es decir, es el proceso de quebrar deliberadamente el orden del sistema, tanto ética como funcionalmente, para beneficio personal. Además de que el corrupto comete una acción ilegal, también presiona y obliga a otros a cometer tales actos. Por ejemplo, para Seligson (2002: 1) la corrupción es: el abuso de los funcionarios públicos para obtener ganancias privadas. Esta definición parecería exculpar a los agentes privados que serían parte de la relación de corrupción. 

En el caso de Andvig y Odd-Helge (2000) lo definen como un comportamiento de un representante del Estado y de la autoridad pública orientada hacia la consecución de ganancias privadas. En esta misma línea, para Pritzl (2000) la corrupción es un abuso de la función pública en pro de un beneficio privado. 

Para terminar, Heidenheimer (1990) determina que la corrupción es una transacción entre actores del sector público y privado por medio de la cual ciertos bienes colectivos son ilegítimamente convertidos en retribuciones privadas. 

Dentro de estas definiciones, observamos que dejan fuera de su alcance a una cierta cantidad de aspectos que no son desdeñables, a saber, las relaciones que se establecen entre los estados, incluyendo las dimensiones relativas de ambas partes; o en una economía globalizada, la relación entre dos privados con distintos recursos y capacidades; o la cuestión de la direccionalidad, no siempre toda acción de corrupción comienza en el sector público, dado que hay actores activos y pasivos. 

La corrupción socava cualquier visión de desarrollo sustentable y es un desvío hacia la Agenda 2030.

La crisis por el coronavirus ha incrementado la necesidad de eliminar a la corrupción. Por un lado, las situaciones sin antecedentes provocadas por el virus, combinadas con preexistentes debilidades de gobernabilidad han incrementado el peligro de actos de corrupción. Sin embargo, dichos actos de corrupción son más devastadores que nunca, debido a que privan a los individuos de servicios sociales y de salud vitales. 

No obstante, nuestra creciente intolerancia hacia la corrupción es un motor de cambios y reformas integrales. No es casualidad que, en los últimos 25 años, con la construcción de transparencia universal y la transparencia de las tecnologías de la información, es más simple exponer la corrupción. La regla para ocultar la corrupción a enorme escala bajo la alfombra se está desmoronando internacionalmente. 

Con lo anteriormente mencionado, ¿crees que formas parte de la corrupción que a diario vives, o eres y te consideras de los que luchan más por extinguirla? 

Referencias 

  • Acemoglu, Daron y Thierry Verdier (2000), “The Choice Between Market Failures and Corruption 
  • Ades, Alberto. Rafael Di Tella (1995), “Competition and Corruption”. Draft Paper, Keble College, Oxford University.
  • Ades, Alberto. by Rafael Di Tella (1996), “The Causes and Consequences of Corruption: a Review of Recent Empirical Contributions” en Harris-White, B y White, G. (Eds.) Liberalization and the New Corruption. Brighton: Institute of Development Studies Bulletin, XXVII, 6-12. 
  • Alesina, Alberto y Beatrice Weder (1999), “Do Corrupt Governments Receive Less Foreign Aid?”. National Bureau of Economic Research Working Paper 7108, Cambridge. on”. The American Economic Review, 194-211. http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S131 5-99842005000100004

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