Las normas de mercado y la delgada línea entre el privilegio y el clasismo
Autora: Valissa Rosensvaig
Para ahondar sobre esto es menester mencionar las normas sociales y las normas de mercado. Dan Ariely, psicólogo y economista conductual, explica que las normas sociales son aquellas que nos llevan a comportarnos encaminados hacia la solidaridad y la convivencia pacífica en sociedad. Cada vez que accedemos a hacer un favor porque genuinamente queremos ayudar a la otra persona, estamos actuando acorde a las normas sociales. Por el contrario, las normas de mercado son aquellas que aparecen cuando se propone un costo y un beneficio de las acciones. Muy parecido al salario, a cubrir un turno de un(x) compañerx o decirle a la pareja “yo dejo de seguir a _____ en Instagram si tú eliminas a _____ de Facebook”.
Ahora, Dan Ariely y un colega quisieron ver qué tanto estas normas pueden afectar decisiones comunes y decidieron hacer un pequeño experimento. En este le pedían el favor a personas que pasan por la calle y les pedían que les ayudaran a subir un sofá y luego lo hicieron ofreciendo a cambio una pequeña remuneración. No me extrañaría que a medida que leen esto piensen “claramente ayudaron más las personas a quienes se les ofreció una remuneración” pero esto no fue así. Se obtuvo mayor ayuda por parte de las personas a quienes se les pidió el favor genuinamente.
Pensemos por un momento el impacto posible de este experimento en las interacciones y relaciones. Fundamentalmente hablando, todxs tendríamos la disponibilidad y la disposición para ayudarnos mutuamente hasta el momento en el que se considera un posible beneficio de lo que vayamos a hacer. Imaginemos entonces a dos hermanos gemelos, donde a uno se le enseñó siempre que para recibir los regalos que quiere debe portarse bien y solo se le daba gusto cuando hacía alguna acción que se le había asignado, mientras al otro, se le enseñó que las tareas se hacen porque todos debemos aportar a la armonía del hogar y que recibe regalos independientemente de su comportamiento, ¿tendrían diferentes maneras de relacionarse cuando sean grandes?
Considerando todo lo anterior es fácil determinar que la “bondad” o la “maldad” son construcciones en torno a la “bondad” y a la “ventaja” (o bueno, a la relación costo-beneficio de las interacciones y “transacciones” sociales). Si lo llevamos a una escala más perceptiva podríamos hablar de profesiones que se benefician de la primacía de unas normas sobre las otras en el comportamiento de los individuos, como si comparáramos a un trabajador social y a un corredor de la bolsa de valores en Wall Street.
La parte importante acá es la inclusión del poder adquisitivo y por ende, de cómo éste puede modificar las normas sociales que enmarcan la conducta de alguien. Paul Piff, psicólogo social en la universidad de Berkeley llevó a cabo un experimento jugando Monopolio. En él, quiso observar cuánto podría cambiar la conducta de alguien fuera del juego de acuerdo a las situaciones de poder económico que se dan en la mesa. Para ello, asignó a un jugador a recibir el doble cada vez que pasara por la casilla de salida. Este jugador rápidamente adquirió riquezas y comenzó a adoptar una postura privilegiada: comenzó a acaparar los canapés y a adueñarse de ellos, a ofrecerlos a los demás jugadores, etc. En un momento pareció olvidar que tuvo una ventaja desde el principio e insistía que “debían esforzarse más”.
Creo que la relación entre esta visión privilegiada de la clase puede tener un fundamento particular en la primacía de las normas de mercado sobre las sociales y tal vez, si buscamos reducir las brechas que se originan en la adquisición y el poder relacionado a ella debemos comenzar a darle la mayor importancia a las normas sociales sobre aquellas de mercado. En todo lo que hagamos.
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